Tranquilo majete en tu sillón – La Vara de Gandalf

Hay algo que me enerva tanto o más que los que nos llevan al abismo y son los que permanecen impasibles, y peor todavía, los que no permanecen impasibles pero lo único que hacen es quejarse desde el sofá y el teclado. Pedro Sánchez no sólo está sentado en su sillón de su despacho de la Moncloa gracias a los que le han votado, también está ahí sentado gracias a los que no votaron. Sí, hoy voy a por los abstencionistas.

Nos guste o no, sólo tenemos un sistema y éste está regido por unas normas.

Otra cuestión es que se pueda cambiar, pero de momento no tenemos otro. De nada nos va a servir hablar y hablar de lo que nos gustaría y de lo que tendría que ser. Estamos en una partida de cartas a la que no estamos obligados a jugar, pero sí a vernos afectados por el resultado de ésta. Y los que marcan las reglas de esa partida son los dos trileros que se han ido turnando hasta ahora en el cargo de crupier.

Afortunadamente hace relativamente poco que otros están peleando para optar al cargo de crupier, ¿adivinan de quiénes hablo? Que nos quedemos al margen no quiere decir que nos vayan a dejar al margen. Como dijo una vez mi amigo virtual Juan Milán Pajuelo: La banda que quiere dominar a la sociedad, siempre ganará a la banda de los que sólo quieren vivir tranquilos.

La banda que quiere dominar a la sociedad, siempre ganará a la banda de los que sólo quieren vivir tranquilos.

No estamos en los ochenta o noventa donde tanto daba que estuvieran González o Aznar, o al menos a mí me lo parecía, porque por aquel entonces un servidor estaba pasando de la infancia a la adolescencia y no se enteraba de casi nada. Pero hoy las cosas son muy distintas, hoy hay que tomar partido, porque hoy cuesta mucho más que antes llenar la despensa y la nevera de casa. Porque ahora si no quieres pasar unos días en el trullo hay que ir con un notario a la discoteca para acercarse a una chica,. Porque ahora un derecho tan fundamental que creíamos inamovible, como es la presunción de inocencia, ha dejado de aplicarse prácticamente a la mitad de la población.

Y la única manera de darle la vuelta a esa partida de cartas hoy por hoy es jugando, porque señores, nos están desvalijando, tanto a los que juegan como a los que no. Está muy bien despotricar y dar la batalla cultural, yo lo hago casi todos los días, pero si no despegamos el culo del asiento aunque sólo sea un domingo cada cuatro años para ir a votar, esto seguirá igual, o mejor dicho: peor. La mayoría de gente que decide abstenerse lo hace por estar en desacuerdo con el tinglado o porque están cansados de tanta mentira y corrupción y creen que participar no sirve de nada. Entiendo que piensen así pero yo no lo creo.

En todo caso y vista la situación actual yo les preguntaría: ¿No merece la pena probar? ¿O preferís seguir viendo como el fuego destruye el edificio? Porque estáis viendo que el fuego lo está destruyendo, ¿no? Vale, no queréis probar con el nuevo cuerpo de bomberos porque hasta ahora todos los anteriores os habían estado estafando pero… ¿no caéis en la cuenta de que esos que os han estado estafando son los mismos que hay ahora a cargo del incendio y están más desatados que nunca?

Mis abstencionistas favoritos, no diré nombres, son los escritores superventas y artistas ilustres, obviamente no me refiero a Sánchez Dragó. De vez en cuando dejan caer algún célebre tuit diciendo exactamente lo que muchos de los que estamos por aquí pensamos. Su mensaje parece estar bastante acorde con una determinada opción, o por lo menos lo parece porque la inmensa mayoría de sus dardos van en la misma dirección que los nuestros. Pero, oh sorpresa, cuando llega la hora de mojarse se quedan en la orilla del río con su pose equidistante de árbitros de la elegancia. Les he oído decir que votar no es una obligación, es cierto, pero yo les contestaría que votar es un lujo. Un lujo que ha costado muchos esfuerzos y sacrificios. Esos “ilustres” personajes ya tienen la luz pagada y la abstención no les afecta tanto como al ciudadano de a pie, que se ve en su día a día a merced de las decisiones desastrosas de unos gobernantes que por lo general dejan bastante que desear.

Cuanto más tardemos en echar a Pedro Sánchez, a sus cómplices y a quienes les secundan, más nos costará conseguir remontar este partida de cartas. Y Yo les animaría a acudir a la cita electoral y a intentar convencer a todos los abstencionistas que se pueda para que lo hagan. También les animaría a dar la batalla cultural donde sea, en la barra del bar, en las redes, incluso en la cena de Navidad. Porque es ahí donde nos la jugamos. Y seamos conscientes, no vamos a tener muchas más oportunidades, va a ser cuestión de una o dos legislaturas para que esto se pueda más o menos arreglar. Pasado ese plazo puede que se cruce el punto de no retorno. Hay quien dice que ya lo hemos cruzado y a veces cuando estoy de bajón pienso que igual es así, pero por lo general creo que no es demasiado tarde. Por eso merece la pena intentarlo, ¿no están de acuerdo?

Parece que siempre estamos indignados y dando la vara, yo precisamente estoy dando la vara de Gandalf, pero también es verdad que si eso es así es porque nos corre sangre por las venas.

Buenos días.

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